Camino de Santiago

Día 1: Saint-Jean-Pied-de-Port a Roncesvalles

Publicado el 1140-08-01 por Narciso

En el nombre de Nuestro Señor Jesucristo, Amén.

Día I del mes de agosto, año de la Encarnación del Verbo de mil e ciento y quarenta.

Heme aquí en San Juan del Pie del Puerto, tras haber cruzado las tierras de ultra-puertos, dispuesto a dar inicio a esta santa peregrinación hacia el sepulcro del Apóstol Santiago en Galicia. Yo, indigno siervo de Dios y clérigo de Su iglesia, comienzo hoy este camino por la remisión de mis pecados y en busca de la luz divina que guía a los hombres de fe.

El alba ha despuntado fría sobre las cumbres de los Pirineos, cubiertas de un blanco y gélido manto de nieve que desafía el paso de los romeros y desafía las estaciones, bien quiere el señor advertirnos que nada está escrito y que el camino es duro, y que no hay que dar nada por hecho. He tomado mi bordón, símbolo de mi sustento espiritual, y colgado al hombro el zurrón, que ha de ir siempre abierto, pues así debe estar el corazón del cristiano para dar y recibir caridad.

Tras oír misa en la iglesia de Santa María y encomendar mi alma a la Virgen, he comenzado el ascenso hacia el Puerto de Cisa. La subida es áspera y el aire muerde la carne, mas el espíritu se regocija al ver a otros hermanos de diversas lenguas —francos, teutones y lombardos— unidos por el mismo anhelo. ¡Cuán admirable es la obra del Señor, que convoca a todas las gentes en una sola senda!

peregrinos caminando

Al llegar a la cruz que corona la cima, he hincado las rodillas y rezado un Paternóster, divisando a lo lejos las tierras de Navarra. El descenso hacia Roncesvalles se antoja peligroso por la cellisca, mas confío en la protección de Santiago. Que mis pies no flaqueen y que este cansancio de la carne sea bálsamo para mi espíritu.

Ultreia et Suseia. Mañana, si Dios lo quiere, alcanzaré el hospital donde los monjes brindan amparo a los cansados.

En este primer día, pongo mi vida en manos del Altísimo.

Narciso Cuevas, clérigo.